Ramoncín

Vio por primera vez el mundo desde el asiento trasero de un taxi que circulaba por la Puerta de Alcalá. Por este capricho del azar Ramoncín opina que, aunque solemos contemplar la vida desde un prisma muy científico, que nos hace pensar que todo responde a una causa, esto no siempre es así. Cree en la casualidad, en las cosas que pasan cuando "tienen que pasar" y en las circunstancias peculiares que provocan tal o cual cosa ocurran.

Aunque piensa que no existe un plan perfecto para abordar la vida, desde joven tomó el timón de su propio destino y se marcó una consigna bien clara: no caer jamás en la mediocridad. Nunca le gustó estudiar, pero asegura que le bastaba con "empollar" la semana antes del examen para aprobar. No recuerda que nadie le enseñara, y sí en cambio lo mucho que aprendió de los libros. Luego fue a la Universidad; "porque yo quise", aclara.

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